
Miguel Vallinas nace, vive, y muere a veces, por y a través de la fotografía. Veinte años hace ya de sus comienzos cuando subía a un tejado con un viejo amigo y jugaban con una cámara y aquello no significaba más que el preludio de lo que sería su intensa relación con la fotografía.
Estudia en diferentes ciudades, fruto a veces de su rebeldía y otras de exigencias puramente académicas. Así, estudia Fotografía, Imagen y Sonido en Valladolid y Burgos y en la Escuela de Fotografía y Técnicos de la imagen EFTI de Madrid.
Pasan los años y sigue buscando, y mientras tanto a veces encuentra lo que no sabía que soñaba y es esa búsqueda ligada a la investigación donde se reinventa constantemente manteniendo siempre su mirada clara y permanente a través del objetivo.
La luz, los colores, los acabados, en definitiva la técnica es su asignatura predilecta en su obra, ligada indiscutiblemente a la imaginación, la creatividad y a las siempre miles de opciones posibles que finalmente resultan ser una, la única por que así tenía
que ser.
Fotografia la belleza o el horror a veces de las pequeñas cosas, aquellas que sólo hace falta darse cuenta de que existen, y él lo hace, y cada día descubre con su mirada muchas más que a veces escapan a los ojos de tantos e incluso no todas se pueden captar con una máquina pero para eso está la poesía de su fotografía por que tan sólo se trata de saber mirar, y escuchar y aprender. Y otros momentos los dedica a escenografías inventadas que sugieren aquello que le preocupa, le obsesiona, o simplemente le apetece y es allí donde todo se dispone en un lugar determinado, un paisaje concreto, una historia diferente, a una hora precisa y por tanto una luz buscada, y la espera, y las pruebas y a veces el frío o el calor, y las risas y sus ideas siempre ingeniosas.
Y luego viene más trabajo, el retoque, la temperatura de color, y todas esas cosas con las que busca obtener el resultado de aquella idea que tal vez surgiese mientras parecía que dormía o que simplemente guardaba silencio mirando una película o mientras los demás hablaban de sus problemas.
Su trayectoria es larga y su obra aún inconclusa muestra inevitablemente parte de una vida, de la del autor. Y sufre cambios y evoluciona y atraviesa diferentes etapas hasta que logra encontrarse aunque siempre afirma que está en el camino, pero los amantes de su trabajo podemos decir que es tal vez éste el momento más real, tangible, maduro o sensato de su labor fotográfica.